viernes, 29 de diciembre de 2017

Migración

Noticia Cierta

Este es un lugar que supo ser productivo. Un blog que dio lugar a un lindo grupo de personajes, la mayoría de ellos absur­dos. El tiempo es cruel y su ritmo, como sabemos bien, no depende de cuán­tas cosas nos queden por hacer si no simple­mente de nuestra veloci­dad. Pero para poder frenarlo hay que moverse realmente rápido y arrimarse a la velocidad de la luz es peligroso, sobre todo para los cachetes.
Cuando Percepciones de la ignorancia empezó a crecer existían apenas un par de textos y uno o dos personajes. Lo mejor estaba por venir. El inicio de la segunda década del siglo vio como semana a semana nuevos renglones insuflaban vida a distintos sujetos del mundo de la literatura. Pero dos años más tarde los días empezaron a pasar más rápido y Rodrigo, el autor del blog, empezó a quedarse atrás.
En el entorno del autor se dice que empezó a dedicarse más a la fotografía aunque algunos arriesgan que lo que le pasó es algo mucho más aburrido: se hizo adulto. Y eso implica un montón de cosas. O eso nos quieren hacer creer los adultos que se esconden atrás de las facturas que tienen por pagar. Yo no me escondo, nos interrumpe Rodrigo justo en este momento, pero reconozco que en los últimos años tuve muchas menos ideas literarias.
Aquellos que tienen el honor o la desgracia de conocerlo saben que Rodrigo cree que la creatividad no está asociada a una disciplina. Que si uno es creativo es eso y punto. Lo que a mí me pasa, explica, es que las ideas que se me ocurren tienen relación con lo que estoy haciendo. Y como ahora está sacando fotos gran parte del tiempo se le ocurren fotografías o herramientas que lo ayudan a sacarlas. Claro que esto no alcanza para alegrar a los personajes que hace tiempo se sienten estancados porque Rodrigo no les escribe el futuro.
Sin embargo es cierto que lo individuos que existen en la literatura no requieren de su autor para vivir una vez que están escritos, necesitan lectores, sentirse leídos. Y aunque quizás el autor de este blog no les escriba el futuro está trabajando para facilitar que nuevos lectores les den un poco de oxígeno. Por eso a partir de 2018, año que puede escribirse como 2 por 1009 o dos mil dieciocho, Percepciones de la ignorancia se muda. Migra en un viaje digital a una nueva plataforma con la intención de facilitar el acceso a sus historias y personajes a todos los lectores del mundo. Y quién dice, quizás alguno de esos lectores también escriba y les de a estos personajes el futuro que merecen.

Aprovechando la mudanza todos los textos serán revisados. Algunos personajes están preocupados por los cambios que pueden llegar a sufrir, aunque se descartan giros inesperados. Todo lo publicado alguna vez aquí estará disponible en pdelaignorancia.wordpress.com.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Apostar al fiambre

Ficción

Mi trabajo como detective últimamente resultaba muy aburrido. Estaba cansado de perseguir hombres y mujeres de esos que se engañan mutuamente. Necesitaba un caso más interesante, uno que me intrigara lo suficiente. Un caso que surgiera de alguna acción distinta, original. Que me sorprendiera. Finalmente apareció una mañana cualquiera. Bueno, no fue cualquier mañana pero no voy a decir cuál por seguridad.
En el barrio de Nuñez hay una fiambrería. En realidad es más un almacén porque podés conseguir mucho más que fiambre es ese local. La atiende un tipo muy macanudo, muy profesional. Le dicen chino pero tiene todos los pares de genes occidentales. La heladera exhibe ordenadamente decenas de quesos, fiambres y embutidos. Un poco más arriba hay una hilera de frascos con aceitunas, algunas rellenas. La máquina para cortar fiambre está encendida gran parte del tiempo porque los clientes de esta fiambrería, como los de todas las otras, quieren llevarse el producto en fetas.
Siempre supe de apuestas ilegales con juegos de naipes, carreras de caballos, incluso peleas de perros. También de apuestas deportivas y jugadores de tenis que arreglan partidos. Pero usar una fiambrería para un casino ilegal no hubiera sido original. La idea genial detrás de este negocio es apostar los cortes de fiambre.
Tardé muchísimo en darme cuenta. Cientos de apuestas pasaron adelante de mis ojos sin llamarme la atención. Empecé a sospechar cuando noté un patrón con ciertos clientes que me crucé en el local más de una vez. Sólo hay una explicación razonable. El cliente pide una cantidad determinada de un producto y cuando el Chino lo deja en la balanza si el peso es exacto, gana la apuesta. Si el error es mayor a 5 gramos gana el cliente. Con errores menores a 5 gramos, empate.
Todavía no sé cómo se define el monto de la apuesta. Desconozco cuánto tiempo hay para pagar o qué pasa si no lo hacés. Pero estoy seguro que la fiambrería casi siempre gana. Suena a delirio pero es la única manera sensata de explicar la escena que presencié esta semana. Un señor mayor de altura mediana, casi sin pelo, pidió 300 gramos de provolone. El Chino cortó un pedazo con extrema precisión. Cuando se verificó el peso exacto en la balanza al viejo se le desfiguró la cara. Probablemente haya apostado toda su jubilación.

domingo, 4 de junio de 2017

Libros espaciales

Ficción

Todo fue posi­ble sólo porque los extra­terres­tres tienen la capacidad de detener el tiempo. Fue absolutamente necesario. Muchos saben que hace años los extraterrestres conviven con nosotros en nuestros países y ciu­dades. Otros inten­tamos convencernos de que no es posible.
Lo cierto es que cuando esos extraños sujetos que viven hace mucho tiempo en un planeta recién descubierto por la humanidad necesitaron estacionar su nave espacial aquí, necesitaban hacerlo sin que la gente se diera cuenta.
Nuestro planeta está lleno de rincones desiertos, pero dejar una máquina tan grande en un lugar solitario no es seguro. Es fácil ver en una imagen satelital del desierto un objeto extraño, básicamente porque es el único objeto.
Por eso los invasores querían aterrizar su nave en el medio de alguna ciudad. Y Buenos Aires era ideal por varias razones. Primero: se ubicaba en Argentina, un país que ya había dado refugio a un montón de inmigrantes que ningún otro país hubiera querido. Hablamos especialmente de nazis y fascistas. Segundo: tenía un grupo de políticos de lo más corrupto y era bastante fácil saltearse autorizaciones, controles y permisos. Tercero: se trata de un país en el que se pueden comer miles de alfajores con dulce de leche distintos. A los extraterrestres les fascinan los alfajores.
El tiempo fue detenido durante dos días en todo el planeta. Alcanzó para aterrizar la nave en el este de la ciudad, cambiarle escotillas por ventanas comunes y llenarla de libros. Se la inauguró luego como biblioteca pública y se atribuyó el edificio a un tal Clorindo Testa (nadie puede discutir que tiene nombre de extraterrestre).

jueves, 30 de marzo de 2017

Entre personajes

Trasgresión

Javier siempre fue un trasgresor.
Pero ya no sufre las consecuencias.
Esta vez Javier, ese personaje entrañable sólo porque vive adentro de la literatura, está dispuesto a castigar a su estilo, que ya demostró ser efectivo aunque poco ortodoxo, a Gabriel Click. Hasta ahora siempre se había hecho daño a sí mismo o había molestado a personajes más allá de los límites de su espacio literario. Pero ahora quiere llamar la atención de otros de los personajes de su propio autor. En el mundo real sería un inadaptado social, un peligro para la humanidad. Pero adentro del universo fantástico de la literatura es un personaje irónico, curioso y hasta querible.
Sin duda lo que hará Javier, hecho que se conocerá muy pocos renglones más adelante, además de tener consecuencias directas para Gabriel torcerá de manera desconocida el rumbo de la fantasía en donde viven. Lo que le pase a Gabriel estará ahí la próxima vez que se escriba sobre él, aún cuando hasta hoy estos dos personajes no habían tenido ninguna relación. Incluso quizás a Javier se le dé por transformar lo que está a punto de suceder en el primer evento de una serie de alteraciones a las historias de otros personajes.
Si algún personaje de este absurdo y fantasioso espacio iba a salirse de control, tenía que ser Javier. Ahí está él, parado en una esquina de la ciudad, muy cerca de una estación de servicio. Busca con ansiedad a Gabriel. Es de noche y las luces de los autos, si fuéramos una cámara de fotos, nos pintarían rayas rojas y blancas en las retinas. El fotógrafo tiene un trípode y ya lo acomodó en la esquina opuesta. Enrosca una cablecito extraño en la cámara. Está usando una cámara analógica, nos explica Javier mientras se ubica detrás de un árbol.
Gabriel enfoca su lente manualmente y reflexiona. Mira por el ocular y se asegura de que entre toda la estación de servicio en la foto. Se prepara para presionar el botón. Javier saca algo de su bolsillo justo en este momento. Apunta hacia Gabriel muy concentrado. Se lo nota seguro, muy probablemente haya practicado en sus ratos libres. Enciende su puntero láser de alta potencia, esos de color verde. Casi en el mismo momento, porque la luz viaja rapidísimo, la luz alcanza el lente de la cámara de Gabriel y se mete en su interior.
Estuvimos apunto de presenciar una tragedia. Justo antes de que Javier encendiera su pistola de luz, Gabriel abrió el obturador de la cámara. La energía del láser quemó la película en su interior y le hizo un tremendo agujero. Pero un momento antes el espejo dentro de la cámara habría llevado el rayo hasta el ojo de Gabriel.
El fotógrafo podría haber perdido un ojo. Me pregunto a dónde está el autor que abandonando sus personajes hace posible estas casi tragedias. ¿Pero quién evitó que Gabriel perdiera el ojo?


viernes, 24 de febrero de 2017

El apuro

Foto

La costa argentina da al mar como muchas otras. Sin embargo no tiene aguas cálidas y la arena se calienta tanto con el sol que no se puede caminar tranquilo. Dos individuos ya han pasado todo el día en la playa sin ponerse pro­tector solar en ningún momento. Podríamos pensar que están lo­cos pero convengamos que hay pocas explicaciones para las que­ma­duras por la radiación solar. Hace unos años el problema era que a la capa de ozono se le había hecho un flor de agujero pero hoy está bastante recuperada. Eso sí, si te quedás al sol todo el día terminás con que­ma­duras de primaria completa (de séptimo grado). ¡Nos han mentido! Nuestros padres no usaban ningún ungüento y se ponían rojos como tomates. El sol no estaba más cerca de nuestro planeta en los setenta. ¡Y nosotros aguantando la crema!
Quizás por eso estos dos individuos no usan. Aunque es cierto que visten bastante cubiertos. Han recorrido grandes áreas de la playa durante el día. Deben haberse desplazado más de diez kilómetros. La soltura con la que lo hicieron nos habla de un envidiable estado físico. Pero hay algo que com­par­tirán con todos los hombres y mujeres en la playa. En cuanto lleguen al lugar en donde vayan a dormir mantendrán una encarnizada lucha para definir quién se baña primero. Si recorremos las playas argentinas con atención cuando la jornada se termina y paramos la oreja seguro escucharemos discusiones familiares con tamaños proporcionales a la cantidad de sus miembros. Yo me bañé último ayer, diría un adolescente en un médano. Que me toca a mí, que le toca a él, que me quiero sacar la arena… Cosas así. Así que para saber si estos dos seres vivos que estamos observando viven juntos sólo tenemos que esperar a ver cómo emprenden la retirada.
Hay turistas con aguante. Nos toca esperar y soportar bastante viento. Ya hace frío. Desde que nos detuvimos a estudiarlos no han dicho una sola palabra. Habrá que estar atento al lenguaje corporal. ¡Ahí está! Se mueven muy rápidamente. Despegan. Y emprenden un vuelo veloz a casa. El que llega primero, se baña primero.


martes, 14 de febrero de 2017

Terremoto lumínico

Ficción

Compartir las vacaciones con casi cualquier fotógrafo es aburri­dí­simo. Ya sea pro­fesio­nal, ama­teur, bueno o malo. Es que mientras se preparan para dis­pa­rar (con la cámara) y revisan la compo­si­ción de su foto y refle­xionan sobre la profun­didad de campo, el plano focal y todos esos tecni­cis­mos, mantienen silencio. Y encima no escuchan.
Gabriel se tomó unos días en la costa argentina porque no le da el cuero para irse al caribe. Es sabido que Argentina tiene lugares sublimes pero si lo que uno busca es una playa mejor irse a otro país. Por supuesto llevó su cámara. Y disparó a mansalva.
Como estaba descansando no aprovecho demasiado la hora de oro. Los fotógrafos le dicen así a esos momentos en los que el sol ilumina el paisaje con ángulos casi paralelos al suelo. Pero para aprovecharlos hay que levantarse muy temprano o quedarse en la playa hasta tarde. Gabriel lo hizo una sola vez.
Salió solo y mientras caminaba hacia la playa fue probando algunas fotos. Tenía la intención de sacarlas con algo de movimiento así que procuró que el obturador permaneciera abierto alrededor de un segundo.
Lo que no recordó Gabriel es que para congelar el mundo en una foto hace falta que la cámara no se mueva mientras se le permite observar el exterior. Claro que a veces las cámaras abren el ojo tan poco tiempo que eso no es una preocupación. Pero un segundo alcanza para retratar el movimiento de un terremoto.

Me sacudía bastante. Aquel que me llevaba seguro estaba caminando por un sendero irregular. Pude abrir el ojo durante bastante tiempo aunque me costó entender lo que veía. Los sacudones no me dejaron hacer foco en ningún objeto.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Obra hidrante

Percepción

Obra hidrante - Hydrant work
La historia del arte ha recorrido grandes dis­tan­cias. Y no siempre hacia el mismo lado. Porque las búsquedas del arte dependen de las búsquedas de cada ar­tista. Cada artista, ade­más de artista, es una persona. Si nos cuesta ponernos de acuerdo en familia y la democracia lleva años sirviendo como evidencia de lo difícil que puede ser estar de acuerdo en qué rumbo tomar, no debería sorprendernos que la historia del arte haya descripto trayectorias impredecibles.
Ahora bien, el problema del arte en los años mayores iguales a dos mil es que acumula tanto tiempo desdibujando los límites de la obra y confundiendo con ello al público que cualquier cosa (ya sea valiosa o una tremenda porquería) puede ser una obra. Mingitorios dados vuelta, cuartetos para cuerdas con helicópteros, músicas llenas de silencio o libros que nadie entiende (aunque nadie se anime a reconocerlo).
Yo no le encuentro sentido a ese cuadro que no entiendo pero por algo lo compraron a cien millones de dólares, podría explicarse uno humildemente. Aunque siendo un poco más realista en seguida llegás a la conclusión de que la explicación para los valores siderales de la obras es el lavado de dinero.
La cuestión es que hay obras lindas y feas, pero mientras cuando se peleaban Leonardo y Miguel Ángel ambos producían pinturas y esculturas fácilmente reconocibles como tales, hoy vas recorriendo un museo en Mar del Plata cuando ves los matafuegos y la manguera contra incendios y no podés evitar sentir que falta un cartelito pequeño y rectangular a la derecha: Obra hidrante; cajas de acero empotradas con matafuegos, mangueras y cartelería.

jueves, 4 de agosto de 2016

Nubes que se forman

Condensación


Chaltén quiere decir montaña que hecha humo. Es el nombre de un cerro. Llamado así porque alguna vez puede habérselo confundido con un volcán. Lo cierto es que por alguna extraña razón que los meteorólogos deben entender, justo detrás de él suelen formarse nubes que se dedican a tapar su cima con persistencia.
Cualquiera que haya viajado a esos lugares de la provincia de Santa Cruz sabe muy bien que ver la cima de esa hermosa montaña no es lo más fácil del mundo. Rodrigo estuvo ahí en el año 2000 convencido de que ya había empezado el tercer milenio (aunque después aceptaría que para eso faltaba un año, porque el cero no existía cuando se gestó el calendario gregoriano).
Rodrigo pudo ver la cima del Chaltén desde la ruta, pero para cuando llegó al pueblo ya estaba oculta y no volvió a mostrarse durante toda su estadía. Era verano, pero en esas latitudes parecía invierno, las nubes taparon mucho más que la cima de las montañas.
Pero Rodrigo viajó otra vez quince años más tarde. O hace seis meses. Y el final de febrero le regaló un día espectacular. Pudo ver la cima del cerro desde la ruta, desde el pueblo, desde los senderos andinos y al pie de la Laguna Capri. En es lugar sacó fotos durante media hora y descubrió que las nubes se forman justo ahí, como si su única misión en el mundo fuera taparle el cerro a los turistas.

domingo, 24 de abril de 2016

El pájaro

Foto

Siempre hace frío arriba de este glaciar. Y nunca tengo el abrigo suficiente. Está ubi­ca­do en una zona de tanto viento que muchas veces no me hace falta aletear, pero si no aleteo me resulta im­po­si­ble entrar en calor.
Cuando vuelo por encima de este río congelado siempre in­ten­to con­tar cuántas puntas tiene. Pero como soy un pajarito, nadie me enseño a contar. Aún así, de alguna manera logro tener noción de mi velocidad. Si las puntas pasan rápido hacia atrás es porque yo vuelo rápido hacia adelante. Y sí, siempre vuelo hacia adelante.
Justo en este momento me doy cuenta de que estoy algo cansado. Necesito hacer una pequeña parada en algún lugar. Busco un árbol que no tenga muchas hojas… Ahí hay uno. Inicio descenso. Bajo la velocidad. Confirmo aproximación visual. A último momento estiro las patitas.
Lo importante cuando se aterriza en una rama es cerrar los dedos inme­dia­ta­mente. Porque ni bien la tocás empieza a moverse. Yo supongo que es porque los árboles no quieren sostenerte. Pero se cansan en seguida, porque el movimiento que al principio es violento amaina rápido.
Siempre hay gente en las pasarelas del parque. Montones de hombres y mujeres que se quedan absortos con las paredes de hielo. Algunos niños corren. ¿Y ese qué hace? Me parece que me está apuntando con la cámara de fotos. Podría aprovechar para hacerme el interesante. Voy a mirar para la derecha…

sábado, 2 de abril de 2016

Gotas de vidrio

Foto

Nosotras somos trans­pa­rentes porque es­ta­mos hechas de un lí­qui­do traslúcido. Existen otras gotas de colores oscuros, pero no somos nosotras.
Como somos trans­pa­ren­tes la luz nos atra­vie­sa todo el tiempo. Nos cruza tan rápido que ni siquiera sen­ti­mos cosquillas. Pero ayer supimos que la afectamos un poco.
Después de caer del cielo durante una lluvia nos quedamos pegadas en un vidrio bien vertical. En eso se nos acerca un hombre con un trípode y una cámara de fotos. No sabemos cómo se dispara con esas máquinas pero estábamos seguras de que nos apuntaba directamente. Nos asustamos un poco.
Como no somos muy miedosas Rodrigo nos tranquilizó rápido. Nos explicó que la cámara no disparaba nada, sólo captaba la luz que nos estaba atravesando. Nos dio curiosidad. ¿Por qué nos prestás atención si somos transparentes? La luz nos pasa de largo, le explicamos. En seguida Rodrigo nos advirtió: la luz las atraviesa, es cierto, pero sufre pequeñas alteraciones.
No le creímos. El fotógrafo intentó convencernos durante varios minutos. Nos charló de difracción, óptica, rebotes de los rayos lumínicos y vaya a saber cuántas cosas más. Nosotras de física no sabemos mucho pero igual estábamos convencidas de que nos estaba haciendo el cuento.
Al final Rodrigo se cansó. Dejó de hablar por un rato, acomodó la cámara y tocó varios botones. Nos apuntó. Parecía revisar el resultado con atención después de cada disparo. Se dio vuelta y cerró la cortina. Siguió disparando.
Nosotras seguíamos convencidas de que no podía ser cierto que la luz sufriera cambios al atravesarnos. Hasta que a último momento nos vimos reflejadas en la lente de la cámara. No somos completamente transparentes... ¡A veces nos brillan los bordes!

martes, 29 de marzo de 2016

Noche en Calafate

Condensación



La diferencia entre una foto y una película siempre fue la misma. La foto es una foto y la película es un conjunto de fotos, que miramos con mucha rapidez. La velocidad necesaria para producir la ilusión de movimiento es tan grande que para hacer las primeras películas no pudieron usarse los tradicionales álbumes de fotos. Hubo que inventar una forma de proyectar las distintas imágenes una encima de la otra.
Claro que el movimiento en ningún momento se preocupa por nuestra intención de registrarlo, así que para poder verlo en detalle, a veces es necesario contar con máquinas capaces de filmar en cámara lenta. Son máquinas cinematográficas comunes, pero sofisticadas. El resultado siempre es sorprendente. Ver la deformación de una pelota de tenis o la lengua de una iguana cazando una mosca es simplemente increíble.
Otros movimientos son excesivamente lentos. Nos exigen la paciencia de un pasado en el que hombres y mujeres teníamos tiempo de detenernos a mirar el cielo durante horas. En un mundo instantáneo, en el que todo sucede rápido, cada vez existen menos personas con la capacidad de observar atardeceres.
Rodrigo es una excepción. El estudio del piano y las artes marciales, la corrección del código de algunos programas de computadora o el estudio detallado de un juego de magia, le han permitido ser paciente. Al menos con algunas cosas.
Una tarde se sentó en la galería de un hotel en Calafate. Acomodó su trípode con la cámara apuntando a la ciudad, y esperó. Durante cuarenta minutos la cámara sacó más de doscientas fotos. Rodrigo las condensó en una película. Ahora cualquiera puede mirar lo que pasa cuando el sol se termina de esconder atrás de las montañas. Si puede esperar doce segundos.

viernes, 25 de marzo de 2016

Cambio de rumbo

Noticia Cierta

A partir de este momento, Percepciones de la ignorancia cambia de rumbo. La noticia puede resultar intrascendente si se tiene en cuenta la débil actividad literaria que presenta el blog últimamente. Pero aún cuando uno avance con pasos de hormiguita, un cambio de dirección implica un nuevo destino en el futuro. Y el futuro es más importante que el pasado.
Siempre supimos que a Rodrigo Valla le gustaba hacer dibujitos. De hecho casi todos los textos aquí publicados están acompañados por una imagen cuya paleta de colores es siempre la misma. Llegó a existir un club de anti-fanáticos que se reunía gritando la consigna: Basta de violeta.
En agosto de 2015, Rodrigo logró después de ahorrar con esfuerzo, comprarse una buena cámara de fotos. De esas que tienen un espejito adentro. Con controles manuales y todo. Su interés por escribir está ahora por detrás del placer que le provoca andar disparando su cámara contra todos lados.
Pensarán ustedes que Rodrigo está por abandonar este blog y pasar otra cosa. Sería sensato. Pero dejar un montón de textos abandonados en un servidor desconocido, abandonando también a sus pobres personajes, le parece demasiado.
Así que Rodrigo va a intentar continuar con Percepciones de la Ignorancia pero dándole un vuelco. Lo que voy a intentar hacer, nos explica, es invertir el proceso creativo. ¿Nos los podés explicar un poco mejor? Siempre escribí primero, continúa, y dibujé después. Ahora voy a hacerlo al revés. Voy a escribir a partir de las fotos, al menos voy a intentarlo.
En los próximos días, quienes vuelvan por acá, se van a encontrar con nuevas familias de textos. Las fotos y las condensaciones.

viernes, 5 de febrero de 2016

26 mártires

Hecho

Y en este momento, se despiertan. Sí, ahora ustedes están despiertos. Quédense tranquilos, los dormí únicamente para que no sufran las inclemencias de los viajes en el tiempo. Es que teníamos que viajar muchos años. Estamos en la prefectura de Nagasaki, sin rastros de radiación ionizante, porque todavía nadie tiró ninguna bomba atómica. Es 5 de febrero de 1597. Los abrigué un poco porque hace frío.
Nos estamos moviendo para buscar una buena ubicación para poder ver la colina Nishizaka en las afueras de la ciudad. Lo que está por ocurrir es terrible. Hace poco condenaron a muerte a veintiseis cristianos, algunos de ellos jesuitas japoneses. Tengo entendido que vienen desde Kyoto y los van a crucificar justo en esta colina.
Escoltados por recios soldados orientales los cristianos llegan a la ladera que les toca. Comienzan a subirlos a las cruces, distribuidas en una gran superficie que pronto se manchará de rojo. La gente empieza a reunirse. Poco a poco la cantidad de espectadores crece. Hay más de 3000 personas.
En un momento quedará claro que no están mirando una película. Cuando comiencen a clavar lanzas en los cuerpos de los condenados y la sangre manche el suelo, algunos no podrán resistirse. Romperán el cordón de soldados y correrán hacia las cruces limpiando el cuerpo de las víctimas. Incluso recogerán tierra y se llevarán trozos de kimono, pero los verdugos no se quedarán tranquilos. Los rechazarán a los golpes y pronto su sangre se mezclará en el suelo con la de los 26 mártires.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Atractor de Lorenz

Ficción

Era el día de noche buena. Ese en el que mientras se espera el nacimiento del hijo de dios el sol pasea en el cielo igual que todos los demás días. Gabriel estaba en su departamento y ya no quería sacar fotos desde el balcón. Estaba solo y eso no iba a cambiar, porque el autor no le había escrito una familia para brindar con los primeros petardos. Seguramente, a la noche, iba a subir a la terraza del edificio para hacer algunas fotos de los fuegos de artificio. Los petardos hacen mucho ruido pero no salen. Las fotos son muy calladas.
El mayor problema para Gabriel era la lentitud del tiempo. Porque todavía no había llegado el momento del almuerzo y ya estaba aburrido. Como iba a tener que esperar mucho para sacar fotos pirotécnicas se sentó en el suelo de su casa con la cámara en la mano. Se preguntó qué sacar. Y estuvo cerca de esa crisis que cada tanto sufre todo artista. Con todas las que saqué, pensó, ya quizás no quede ninguna foto nueva por hacer.
En ese momento el autor decidió inyectarle una idea en la cabeza. Por supuesto Gabriel nunca iba a saber que no era propia. Recordó una exposición de fotos que nunca había visitado (porque el autor inyectó recuerdos también) y reflexionó. Es momento de sacar una foto conceptual, decidió.
Aquí es donde la sorpresa se la llevó el autor. Gabriel estuvo jugando con el agua de la canilla del baño un rato. Abría poco, abría mucho y observaba el dibujo tenue que hacía el agua en la pileta. ¿Y el concepto? El fotógrafo de los paisajes intervenidos había extrapolado ese dibujo. Lo había llevado al universo de los sistemas de ecuaciones diferenciales ordinarias. ¡Estaba dibujando un atractor de Lorenz!
Cuando el fluido y efímero perímetro de su dibujo lo dejó conforme salió del baño un momento para volver a entrar con la cámara en la mano. Y después de tocar un par de botoncitos apuntó hacia abajo. Un destello de luz blanca rebotó contra la pileta y nos encandiló.

Esta vez sentí un poco de cosquillas. Una pequeña descarga eléctrica se me escapó de golpe. Un fogonazo blanco salió de mi cuerpo justo cuando abrí el ojo. Lo volví a cerrar rapidísimo, quizás por el susto. No entendí el agua que estaba viendo.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Levantando la heladera

Ficción

La policía entró a la fuerza en la casa del carnicero asesinado por Adrián. Los vecinos denunciaron haber oído un ruido terrible. En realidad no habían escuchado nada, pero cuando la mañana de ese claro viernes de noviembre nadie abrió la carnicería, se impacientaron. Decenas de asados corrían peligro de no poder existir el fin de semana.
Como la luz de la cocina estaba prendida, la policía supuso que la muerte del carnicero había ocurrido la noche anterior. No había sangre en el suelo. La cara ya pálida del cadáver daba a entender un último deseo insatisfecho. ¿Cómo podía haber quedado abajo de la heladera?
Cuando después de varias horas de trabajo se llevaron el cuerpo a la morgue la heladera quedó a un costado. Nadie le prestaba demasiada atención. Los detectives intentaban imaginar cómo el asesino, quizás uno de estos veganos fundamentalistas, había podido aplastar a la víctima con la heladera.
Entonces pasaron dos cosas al mismo tiempo. Un policía se dio cuenta de que tenía hambre. Tomás tocó el timbre. El policía decidió abrir la heladera. Tomás preguntó por el máximo responsable. El policía intentó abrir la heladera sin éxito. El mejor detective de la historia de la literatura le explicó al subcomisario por qué pensaba que el carnicero era una nueva víctima del asesino de los refranes.
Segundos más tarde corrían juntos hacia la cocina, justo después de escuchar un desesperado pedido de auxilio. El oficial hambriento había conseguido esquivar la muerte, tenía muy buenos reflejos. Aunque le quedaron aprisionadas las piernas.
Esta puerta está trabada. Me tiré la heladera encima, se quejó. Cuando la heladera estuvo nuevamente de pie y mientras un médico atendía el peroné del oficial, Tomás se acercó al enorme electrodoméstico. Intentó abrir la puerta sin éxito. Pensó un poco. Hizo un poco de fuerza hacia arriba y probó de nuevo. Finalmente, las cervezas del carnicero eran libres.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Línea aérea

Ficción

Hace ya varias semanas que Gabriel está en Buenos Aires. Su trabajo en el noroeste argentino resultó parcialmente infructuoso. Después de sacar la última foto en Salinas Grandes viajó hacia el sur por la ruta 40, escapando de la policía. La parte positiva es que las fuerzas de seguridad no pudieron identificarlo. Además, cuando constataron que los daños que había sufrido el paisaje no eran permanentes, dejaron de preocuparse en encontrarlo.
Parcialmente infructuoso decía porque si bien alguna de las fotos de los paisajes intervenidos que tomó son absolutamente increíbles, no puede publicarlas en ningún lado. Digamos que puede publicar una y decir que estaba de casualidad en El Shincal cuando un loco pintó las pircas, pero nadie le va a creer el haber estado en el lugar justo en el momento indicado todas las veces.
En la ciudad su estética no tiene mucho lugar. Casi siempre hay gente mirando. Ahora hay cámaras de seguridad. No es fácil intervenir el paisaje urbano sin ser detectado. Así que por estos días luce aburridísimo. Hasta abatido.
Se acaba de acordar de algunos de los consejos de su profesor de fotografía. La luz y el movimiento se pueden usar para dibujar, le había dicho una vez. Y aquí está ahora Gabriel Click, en el balcón de su departamento. Mirando hacia el norte. Armando el trípode mientras el sol se esconde atrás de un horizonte que por culpa de los edificios no puede ver.
Le gustaría poder hacerle bigotes a las caras de los carteles, o pintar las ventanas de algún edificio de colores, pero desde el balcón no puede. Así que mira el norte desde el balcón. Ya tiene su cámara montada en el trípode y no para de apretar botoncitos. Modo manual, foco manual, una longitud focal de 55 milímetros. Y entonces nos damos cuente qué es lo que está esperando.
La trayectoria de aproximación al aeropuerto metropolitano pasa justo por detrás de un edificio ubicado a unos 150 metros del balcón. Cuando se alcanzan a ver las luces de aterrizaje de un avión de cabotaje, se prepara para disparar. Click. Se oye un ruido y unos segundos después, justo antes de que el avión se esconda atrás del edificio, se escucha otro igual.

Esta vez estoy en una ciudad. Me doy cuenta por los edificios. Tuve el ojo abierto como diez segundos. Hubiera podido contar las ventanas iluminadas si no fuera porque un pequeño grupo de luces se movía continuamente.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Máquina

Ficción



El microcineasta argentino Rubén Film volvió a mostrar de lo que está hecho. Su nuevo microfilm es una clara muestra de cómo se puede concentrar en sólo unos segundos una tremenda cantidad de absurdo y ridiculez. La película, proyectada esta vez justo antes de la última película de Spielberg en un cine de la ciudad, logró confundir a gran parte de la audiencia.
Como siempre, la gente común, pensó que lo que estaba viendo era otra publicidad de esas que molestan antes de la función. Pero quizás Máquina haya conseguido capturar la mayor parte de la atención de los presentes.
Film no es un artista que de tiempo a pensar. Sus obras resultan muy breves, sobre todo para el público que distraído se pierde la primera mitad. Máquina se construye a partir de un pequeñísimo número de tomas de una máquina de coser y la brillante actuación de un par de manos cuya dueña se desconoce (parecen ser de mujer). Usando grandes aperturas el director consigue una profundidad de campo muy corta. Hecho que revela una filmación cercana, probablemente con cámara en mano.
No es fácil llegar a una conclusión frente a una película tan breve. Sin embargo, puede destacarse la calidad fílmica y la sutil banda sonora, que evoluciona aún en el corto tiempo que tiene, hacia un final concreto y seguro. Construida a partir del sonido de la misma máquina de coser que llena de color la pantalla, superpone sus ruidos de una manera estéticamente bien resuelta. Incluyendo un juego entre parlantes muy entretenido. Uno imagina la máquina dándole vueltas.
Pensé que la película no pretendía más que ocupar el tiempo, pero cuando consulté al desconocido cineasta, quien estaba sentado entre la gente con una boina para no ser reconocido, me comentó la valiosa intención de criticar a los talleres textiles clandestinos. Es horrible que exista esclavitud todavía, se quejó. Yo ni lo hubiera imaginado.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Última desilusión

Metanoticia
Una vez más nuestro planeta pasó por ese punto de su órbita en donde se ubica el 25 de septiembre. Percepciones de la ignorancia cumplió 5 años y como el año pasado, sus personajes viven preocupados.
Si bien el blog había mostrado una inusitada vitalidad a principios de este año volviendo a mostrar nuevas publicaciones todas las semanas durante febrero, marzo y abril, en mayo la cosa volvió a estancarse.
Desde entonces tan sólo el mes de agosto permitió que algunos de los personajes del blog se sintieran vivos de nuevo. A la preocupación natural que sufren los personajes al ver sus historias aparentemente abandonadas se suman miedos más complejos.
Es que Adrián se ha colado en los textos muy frecuentemente. Algunos de los personajes suspendidos temen volver a aparecer, porque quizás de hacerlo sean víctimas del asesino de los refranes. Incluso algunos le tienen una envidia completamente patológica a Gabriel Click y sus extrañas fotografías. Se rumorea en el mundo ficcional que una de las razones por las que Rodrigo no escribe es que se ha vuelto un fanático de la fotografía. Tomás, el mejor detective de la historia de la literatura, está convencido de que Gabriel y Rodrigo son la misma persona.
Más allá de las distintas especulaciones alrededor de Rodrigo, lo cierto es que el blog sigue vivo. Quizás con menos vida de lo que uno espera, pero cada tanto la historia continúa, de a pequeños pasos discretos su desarrollo viaja hacia quién sabe donde. En promedio, de 2010 a la fecha, Percepciones de la ignorancia publicó un texto cada 8 días.

martes, 18 de agosto de 2015

Sal psicodélica

Ficción

Gabriel no se alejó mucho de Purmamarca. Dejó el auto a un costado de la ruta, del lado del río. Se sentó en una piedra mirando aguas arriba, escuchando ese ruidito tan especial que hacen los ríos de montaña cuando están tranquilos. Antes de sacar la última foto había preparado el menú del día. Había adquirido unas empanadas de carne, que iba a comer frías, y un alfajor relleno de mousse de limón riquísimo. Por si les tienta, el alfajor lo compró en un bar de la calle Florida. Entre la plaza y el cerro.
Mientras masticaba tratando de descubrir los secretos del relleno y reflexionaba sobre la absurda distinción entre empanadas salteñas y tucumanas, escuchó al pasar a unos lugareños que hablaban de un operativo policial que intentaba encontrar al responsable de una serie de delitos bastante inocentes pero muy coloridos.
Gabriel entendió que sólo tenía tiempo para sacar una última foto en el noroeste argentino. Y tenía que hacerlo rápido. Salinas Grandes no estaba lejos, aunque tenía que remontar toda la Cuesta de Lipán. El problema era que tenía que preparar la foto durante la noche cerrada, porque no había forma de andar pintando los salares de día sin ser visto.
A la tarde se tomó unos mates. Para la cena se había guardado la última empanada. Cuando oscureció retomó el viaje hacia el oeste, lentamente y con cuidado, porque las curvas eran bien enruladas. Para nuestra sorpresa dejó el auto no muy lejos del cruce con la famosísima ruta cuarenta. ¿Pensaría ir caminando? ¡Qué tipo precavido este Gabriel! En el baúl tenía una bicicleta de esas plegables. Preparó los colores de su dispositivo pintapaisajes y se lo ató a la espalda. Y en bicicleta, sin hacer nada de ruido, recorrió los salares saturando el blanco y manchándolos un poco con verde, naranja y celeste.
Mientras amanecía Gabriel caminó desde la cuarenta hasta la zona pintada. No había mucha gente, pero todos entendieron que lo que veían era obra del mismo inadaptado que había pintado el cerro de Purmamarca. Todos sacaban fotos. Uno era Gabriel. Agachado, mirando hacia el sur mientras el sol corría hacia el cielo, cerró un poco el diafragma e hizo lo que tenía que hacer. Click.

Había tanta luz que no pude abrir el ojo por mucho tiempo. Quizás haya sido sólo la milésima parte de un segundo. Nunca, durante mi tecnológica existencia, había visto tanto color blanco junto. Un par de manchas de colores, pero demasiado blanco. Tanto que me confundí.

viernes, 15 de mayo de 2015

Heladera mañosa

Ficción

La sexta víctima del asesino de los refranes sería un carnicero. Aunque el oficio del hombre no importaba. Sí resultaba fundamental su gran musculatura. Adrián necesitaba que el muerto, al menos antes de morir, tuviera mucha fuerza. Porque esta vez, el crimen iba a parecerse mucho a un suicidio.
Habían pasado sesenta días desde aquel en que lanzando un boomerang al cielo había matado a dos deportistas del aire. No había esperado por miedo a ser descubierto, quería que las ganas de matar le volvieran completamente, para disfrutarlo. Poco sabía de los humildes avances de la policía aunque ya su historia circulaba por los medios sensacionalistas.
Ya instalada su búsqueda estética del crimen en la agenda policial podía ser un poco más sutil. Era más fácil que los encargados de la investigación leyeran los refranes en la escena del ilícito. Así que esta vez Adrián diseño una pequeña traba suplementaria para la puerta de una heladera cualquiera. La construyó con planchuelas de aluminio, obteniendo un pieza tan precisa como artesanal.
Mientras el carnicero trabajaba, cortando, sacando grasa y pesando cachos de carne, el homicida de los dichos populares se metió en su casa. Colocó con cuidado la traba suplementaria en la heladera. Limpió cualquier pista que pudiera después vincularlo al hecho. Aunque a esta altura, el refrán era suficiente.
Cuando el humilde trabajador frigorífico llegó a la casa ya era de noche. Se pegó una ducha rápida y vestido únicamente con la húmeda toalla con la que se había secado el cuerpo, fue hasta la cocina. Quería abrir una de sus heladas botellas de cerveza pero la puerta de la heladera se resistió. Volvió a resistirse.
El tercer intento de la víctima fue tan contundente que la heladera cayó hacia él, aún con la puerta cerrada. El pobre tipo murió aplastado sin llegar a gritar. Más valía maña que fuerza.